Economía del comportamiento para mejores políticas públicas

¿Ahorraría más si 10% de su sueldo fuera depositado automáticamente en otra cuenta a su nombre? ¿Se sentiría más obligado a pagar sus impuestos si supiera que todos los vecinos de su cuadra los pagaron? ¿Y usaría el secador de manos en lugar de una toalla de papel en un baño público si un cartel le recordara el impacto medioambiental de talar árboles? Las respuestas a estas preguntas son importantes para los gobiernos, ya que los pueden ayudar a diseñar mejores e innovadoras políticas públicas, con la ayuda de la economía del comportamiento.

La forma en que la gente toma decisiones no siempre es racional, aun cuando tienen información suficiente. Con contribuciones de la psicología, la economía del comportamiento incorpora la idea de que todos tenemos sesgos del comportamiento cuando tomamos decisiones, y que algunos de esos comportamientos se pueden cambiar. Incorporar esta visión más realista al diseño de políticas públicas puede volverlas más efectivas. Para orientar las decisiones de la gente en direcciones que mejoren sus vidas, los gobiernos pueden darles a los ciudadanos un pequeño empujón o “nudge”, al presentar los temas de cierto modo, sin prohibir ninguna opción.

Para América Latina y otras regiones en desarrollo, el bajo costo de las iniciativas de economía del comportamiento es especialmente atractiva. De hecho, este enfoque a las políticas públicas, que comenzó en los países desarrollados —Gran Bretaña y Estados Unidos fueron pioneros, con unidades de “nudge” nacionales— ha llegado a América Latina en los últimos años. Algunos gobiernos locales y nacionales han empezaron a explorarlo, incluyendo iniciativas como el MineduLAB del Ministerio de Educación de Perú. También la sociedad civil ha comenzado a involucrarse.

El BID es una de las instituciones que lidera la expansión del conocimiento en este campo en la región, trabajando en distintas áreas de políticas a través de asociaciones con gobiernos y agencias locales y nacionales. En el Departamento de Investigación del BID, trabajamos en iniciativas de economía del comportamiento desde hace varios años, estudiando formas de ayudar a la gente a tomar mejores decisiones.

Hemos desarrollado un amplio conocimiento en cumplimiento tributario, que es clave en América Latina ya que alrededor de la mitad de la población no paga impuestos. En un estudio en Argentina, innovamos en los métodos de comunicación con el contribuyente al incluir mensajes basados en economía del comportamiento directamente en la boleta impositiva, en lugar de enviar una carta por separado. Los contribuyentes fueron incentivados con uno de tres mensajes diferentes: el primero explicaba las penalidades asociadas con la falta de pago; el segundo, las obras públicas financiadas por los impuestos, y el tercero, la obligación moral de pagarlos. El mensaje más efectivo fue el primero: logró un aumento del 9% en el pago.

En un experimento complementario para medir los efectos a largo plazo de este tipo de comunicación, la boleta impositiva incluyó dos rondas de mensajes personalizados. En cada ronda, el contenido cambiaba según si cada contribuyente estaba al día con el pago o no. Los que habían cumplido recibían un mensaje que los felicitaba, y mencionaba que los impuestos contribuyen a financiar servicios públicos e infraestructura. Para los que estaban retrasados, el mensaje advertía sobre el incumplimiento, recordaba las multas asociadas y llamaba a contribuir a financiar servicios públicos e infraestructura. Los resultados serán explicados en un estudio que se publicará pronto.

¿Es más efectivo enviarle al contribuyente una carta, un email o simplemente golpearle la puerta para recordarle que debe pagar los impuestos? En un estudio en Colombia, analizamos la efectividad de distintos canales de comunicación. La autoridad fiscal nacional envió mensajes con el mismo contenido a través de cartas, emails y visitas personales de inspectores impositivos. La visita personal fue el método más efectivo pero los emails les llegaron a los contribuyentes con mayor frecuencia. Entre los canales más impersonales, el email fue más efectivo que la carta.

Otro estudio, que será explicado en una próxima publicación, exploró otro enfoque: ¿es efectivo darles a los ciudadanos una recompensa por pagar impuestos? En una municipalidad en Argentina, el gobierno otorgó de forma aleatoria la construcción de 400 aceras individuales entre los más de 72.000 contribuyentes que estaban al día con sus impuestos. Los resultados mostraron que recompensar a los contribuyentes por su buen comportamiento con un bien público durable y visible tiene efectos positivos.

Más allá del cumplimiento tributario, estamos trabajando en educación, educación financiera, agua y saneamiento, y transparencia y rendición de cuentas. Un experimento en Ciudad de México estudió el impacto que tienen las percepciones sesgadas de los adolescentes respecto de sus propias habilidades sobre sus elecciones académicas. Al brindarle una devolución a los estudiantes sobre su desempeño académico y su potencial, la intervención los incentivó a decidir si postularse a una universidad o a una escuela técnica o vocacional.

Estudios en progreso del Departamento de Investigación incluyen una intervención en la República Dominicana para promover una cultura del ahorro y el desarrollo de productos de ahorro entre los pobres. Apuntando a sesgos del comportamiento, la iniciativa ofrece productos de ahorro programado y les brinda a los participantes que cumplen con las metas beneficios adicionales a los de una cuenta de ahorro tradicional.

También estamos diseñando un experimento en Ciudad de México donde los individuos recibirán información en tiempo real sobre contaminación en la atmósfera para medir si esa información cambia sus elecciones individuales y su predisposición a pagar por recibir esa información. Es importante que también evaluaremos si esa información cambia las demandas de la gente por políticas públicas.

Estos ejemplos muestran cómo la información puede ser una potente herramienta. Sin embargo, no toda información es un “nudge”: el diseño de los mensajes es importante, y la forma en que se presenta la información es clave. En la economía del comportamiento, una disciplina joven que expande sus propias fronteras todos los días, aún queda mucho por aprender. Algunas intervenciones no funcionan pero brindan lecciones valiosas para seguir construyendo conocimiento colectivo.

Las intervenciones basadas en economía del comportamiento pueden ser potentes herramientas de bajo costo para ayudar a los gobiernos de América Latina a mejorar sus políticas públicas al tomar en cuenta la forma en que la gente toma decisiones. En el BID, nuestra mayor meta es descubrir qué información brindarles a los ciudadanos para que tomen decisiones más informadas.

 

Fuente: http://blogs.iadb.org/Ideasquecuentan/2016/12/17/economia-del-comportamiento-para-mejores-politicas-publicas/