Medir la creatividad para impulsar la economía

Alan Freeman tiene al menos una creencia bastante firme: “Creo que la cultura es el propósito de la vida humana”, confesó a este reportero hace unas semanas cuando estuvo en México invitado como uno de los más notables investigadores de lo que se ha dado en llamar economía cultural.

Pero Freeman, que originalmente era un escritor de software y que estudió una maestría en economía para poder dar clases en la universidad cuando su pequeña empresa peligraba ante el embate de las grandes firmas, no se dedica a estudiar la cultura, sino las industrias creativas.

“Las industrias creativas se refieren a ganancias, a negocios y a cómo hacer crecer la economía. Son cosas distintas aunque, claro, si tienes industrias creativas sanas, tendrás mejor a la cultura y si tienes un patrimonio cultural bien cuidado, tendrás un mejor mercado para tus productos creativos”.

—Usted no es un teórico del tema o, si lo es, también es alguien que ha podido aplicar sus ideas a la práctica.

Sí, todo ha sido políticamente orientado (de policy, como en políticas públicas, y no de politics, como en lucha o negociación por el poder). Mi investigación fue comisionada por el alcalde de Londres porque él quería desarrollar las industrias creativas como parte del plan de desarrollo económico de la ciudad.

Tenemos apoyo, y es otra “fuente de políticas”, de la Fundación Nacional para la Ciencia, la Tecnología y las Artes […] y la Queensland University of Technology, que estaba participando en la producción de un plan nacional para Australia y fueron los pioneros en todo esto de las industrias culturales a finales del siglo XX.

Creé una unidad económica para el alcalde e, inicialmente, mi principal responsabilidad era monitorear y evaluar la inteligencia económica, pero me fui involucrando con las industrias creativas, porque fue nuestra prioridad inicial y me pedían cada vez más reportes; eventualmente, se hizo fascinante.

—¿Cómo le ponen límites a la definición de cultura a la hora de buscar parámetros económicos?

Este tipo de discusiones ocurren en todos los países y actualmente hay una muy fuerte en Gran Bretaña […] también en EU, Australia y Alemania.

Nuestra respuesta es peculiar, pues respondemos que no estamos lidiando con la cultura, sino con las industrias creativas. Es una categoría económica que está creciendo rápidamente en empleos generados y en su valor agregado o su contribución a la economía.

Lo que le digo a los creadores de políticas púbicas es que ésta es una rama de la economía que va a beneficiar el desarrollo económico de su localidad. Si quieres tener una economía exitosa, impulsar el empleo, si quieres ser competitivo en esos dos mercados, éste es un sector en el que debes invertir y que necesitas hacer crecer.

Ahora, un producto colateral de las industrias creativas es que todas tienen productos culturales, pero no es parte de la definición de las industrias creativas que produzcan cultura.

Te voy a dar un ejemplo: la producción de camisetas de futbol. Hace 15 o 20 años, los equipos ingleses y de buena parte del mundo empezaron a pensar distinto sobre sus uniformes, los empezaron a cambiar cada año, los hicieron con telas de alta calidad y les dieron un terminado fino. El número de diseñadores y trabajadores empleados para ese propósito fue en aumento, también el precio de la camiseta, se convirtieron en una parte de la industria de la moda y entonces decimos que se han convertido en una industria creativa por el empleo de creativos y porque le venden a un mercado que discrimina, que decide qué camiseta quiere y cómo la quiere. Entonces, el criterio no es si el producto es cultural o no, sino si se emplea a gente creativa, usa los métodos de las industrias creativas y si el mercado ejerce su poder de discriminación…

(Por otra parte) está el montón de cosas que la gente hace voluntariamente. Se enrolan en coros locales o forman clubes de amateurs, de fotografía, cine, teatro, lectura, son actividades culturales pero no están organizadas como industrias comerciales, no los quieres excluir de tu definición de cultura, pero no necesariamente los vas a incluir en las industrias creativas (en este rubro pone también a la religión).

Es un gran debate […] y nosotros tratamos de hacer una definición científica de lo que pasa en la economía.

—Cuando hablas de las camisetas de futbol, pienso en puestos piratas o en los mercados informales. ¿Cómo sabemos cuánto afecta esto y cómo lidiar con ello?

Ésa es la razón por la que México debería tener investigadores de las industrias creativas. Deben estudiar el fenómeno. No sé la respuesta a tu pregunta porque no he estudiado la economía mexicana.

Pero una primera reacción a tu pregunta sería que las industrias culturales son mucho menos dependientes de la propiedad intelectual de lo que la gente cree…

—¿¡Menos!?

Menos. De hecho, el gobierno británico está reevaluando sus leyes de propiedad intelectual porque se consideró que no estaban beneficiando a los artistas, diseñadores, intérpretes o escritores porque el dinero se estaba yendo más a las corporaciones que a ellos.

Hay que ser cuidadosos porque hay dos partes en la protección, una es el derecho de autor para quienes escriben el trabajo pero también para el intérprete, el que canta la canción o lee el guión, y el balance entre estas partes varía en las distintas industrias.

En la industria textil, creo que se debería proteger a los que hacen los tejidos a mano y lo menciono porque creo que en México, con los tejidos y otras artesanías que tienen, podría ser un activo muy importante. Al turista y a muchos otros compradores le interesan las cosas hechas a mano.

Entonces, yo diría que aquello que no dé trabajo a los artesanos, que suelen estar en la informalidad, es negativo. El problema con lo informal y lo pirata es que debes quitar lo segundo sin afectar mucho lo primero.

La moda y los artesanos tienen una cosa que se llama “ventaja del primero en moverse”, es una parte poco conocida de la economía, significa que eres la primera persona en producir algo. Si es una camiseta, la venderás en los primeros tres meses y con eso cubres sus costos y obtienes ganancias. Entonces, alguien más viene y la copia, pero los primeros ya hicieron su dinero.

Además, está la preferencia de las personas por lo auténtico. Sabemos de una marca famosa (no estoy del todo seguro de que así sea, así que no cites el nombre) que incluso fomenta que se hagan fakes porque eso las hace más famosas y la gente tiene más ganas de adquirirlas. El sector formal y el informal pueden trabajar juntos.

Hay quienes desacreditan a la economía porque sus escuelas 
parecen más bien ideologías. 
¿Cómo te defines ante este dilema?

Yo me podría definir como marxista, keynesiano o schumpeteriano porque en Marx, Keynes y Schumpeter he encontrado herramientas muy útiles. Uno estudia y usa los instrumentos teóricos que encuentra. Soy un hombre pragmático en ese sentido.

En mi opinión, lo que distingue una religión de una ciencia no es su tema de estudio, sino cómo lo estudia. Hay muchos ejemplos de religiones que se han comportado de una forma muy científica. Los filósofos del islam de los siglos XIII y XIV descubrieron la mayor parte de la aritmética y la lógica, y mucha astronomía. Pero también las ciencias se pueden comportar como las religiones, cuando la gente sustituye las pruebas con los hechos por creencias, entonces no se están comportando como científicos.

Yo quería hacer ciencia con la creatividad, entonces me dedico sobre todo a recolectar datos, porque sin en ellos no tienes nada, como no puedes hacer astronomía sin ver a las estrellas.

Con los datos sobre las industrias creativas empezamos a ver cosas, como que emplean a muchos creativos, lo que llamamos “intensidad creativa”, la porción de la fuerza de trabajo que es creativa. Tenemos una diferencia específica que nos permite distinguir a las industrias creativas de las que no lo son.

Tenemos muchos datos. Todos aman los números, especialmente la gente de marketing, que dice ‘esto demuestra que Londres es muy creativa’.

Mis números, durante la Olimpiada, estaban en cada aeropuerto del mundo. Pero no preguntaron de dónde venían los números ni por qué. Yo quería preguntar por qué, así que ahora estamos tratando de construir una teoría que explique los números. Si explica los números, será científica, si sólo me gusta y la adopto, entonces me estaría comportando religiosamente…

A veces pienso que la gente que se ocupa de la cultura se comporta un poco religiosamente. Porque tienen esta idea de lo que la cultura debería ser. Dicen ‘voy a ver un fenómeno y si se ajusta a mi ideal de cultura, entonces lo llamaremos cultura’. Pero eso no es lo correcto, tienes que ver lo que la gente realmente hace, cómo se comporta la economía. Si tienes ideas preconcebidas y no estás dispuesto a cambiarlas, entonces no estás haciendo ciencia.

Invitan a México como ciudad cultural
Alan Freeman participa también en el World Cities Culture Report “donde comparamos 25 grandes ciudades del mundo en las cosas culturales que hacen (…). De hecho una de mis misiones es que México sea incluido en este índice. Nos faltan dos grandes ciudades del mundo en el índice, México y Buenos Aires, que ya dijeron que querían formar parte pero aún no han firmado el acuerdo.

“Y deberían, pues formarían parte de un grupo con el que estudiar el tema junto con otros expertos internacionales. Puedes saber qué es específico de tu nación y de tu ciudad y te puede ayudar a maximizar los beneficios económicos y culturales para la gente”.

El contacto virtual conduce al real
Las Tecnologías de la Información, que han trascendido las barreras tradicionales de la producción de servicios antes confinados al contacto persona-a-persona, llevan contenido creativo a un público mucho más grande y han generado un gran crecimiento en el contenido creativo.

Paradójicamente han conducido a una mayor popularidad de las actuaciones en vivo. Se gasta más en ir a conciertos que en comprar grabaciones.

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Fuente: www.eleconomista.com.mx